Entrevista a Emilio Morenatti

Dicen de ti que eres un fotógrafo comprometido. ¿Cómo te definirías a ti mismo?

No sabría cómo definirme, pero creo que quizás ese compromiso al que te refieres podría estar basado en la responsabilidad que siento cada día al salir con mis cámaras a realizar mi trabajo como fotoperiodista. Me siento francamente un ser privilegiado haciendo lo que hago.

¿Cuáles son los valores personales que rigen tu forma de trabajar?

Pienso que es vital no alterar las realidades que nos toca fotografiar. El fotógrafo tiene que estar ahí, pero nadie debería percibirlo. “Alcanzar la invisibilidad” es un ejercicio que me impongo diariamente, y para eso creo que hacen falta altas dosis de perseverancia.

¿Cómo has conseguido entroncar tu forma de abordar el fotoperiodismo con las pautas de una agencia de la envergadura de Associated Press (AP)?

Con un poco de suerte, creo. Al principio, pasar de EFE a AP fue como un gran mundo. Cambiar el español por el inglés fue una pesadilla, y la disciplina de las normas de AP resultó todo un ejercicio, pero una vez normalizadas estas dinámicas, todo ha sido fácil.

Cuando estás haciendo tu trabajo en un escenario violento donde corres peligro, ¿qué pensamientos acuden a tu mente?

En AP nos actualizan con cursos de supervivencia y de cómo actuar en situaciones de alto riesgo. Esto me ayudó mucho al principio. En estos cursos te enseñan cómo actuar en medio de situaciones violentas. Luego, con el tiempo y la experiencia, aprendes a analizar rápidamente y de forma instintiva el riesgo, y a valorar la propia seguridad.

Cuando empieza el follón procuro elegir un lugar seguro desde donde poder observar y hacer mi trabajo. Intento concentrarme en el trabajo y que ningún pensamiento me distraiga.

Desde la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) se ha afirmado que los corresponsales en zonas de conflicto sois “carne de cañón”. ¿Con qué apoyos cuentan los fotógrafos que desarrollan su trabajo en zonas en conflicto?

Yo tengo la suerte de trabajar para una gran empresa que nos provee con las mejores medidas de seguridad. Coches blindados, chalecos antibalas y casco, cursos de formación para reaccionar en las peores situaciones y personal local en quien poder confiar para hacer nuestro trabajo. Hay veces que nada de esto es suficiente. Por eso siguen y seguirán cayendo periodistas en las zonas de conflicto. Así ha ocurrido durante toda la historia del periodismo.

¿Cómo te ves a ti mismo tras el atentado del que fuiste víctima? ¿Realmente eras consciente del peligro al que te exponías al hacer tu trabajo?

Sí, siempre tuve presente que podría ocurrir un accidente durante mi trabajo, llámese un accidente de tráfico o doméstico o profesional. Conducir un coche es también muy peligroso y todos sabemos las cifras de muertos al volante, pero no por eso la gente deja de conducir. Después del atentado, me siento en un proceso de cambio, y aunque aún no sé hacia dónde se orientará, imagino que recuperaré la actividad que tenía antes del accidente.

Dada tu experiencia como fotoperiodista en la Franja de Gaza y Jerusalén, resulta casi inevitable preguntarte por el lamentable incidente que protagonizó el ejército israelí contra la flota humanitaria Navis Marmara hace algunas semanas. El pueblo judío lleva el estigma del desarraigo y el exterminio gravado a fuego. ¿Qué ha tenido que pasar para que la víctima se haya convertido en verdugo?

Desde mi punto de vista, el ejercito israelí, al igual que gran parte de la población israelí, se encuentran, producto de su propia paranoia, totalmente aterrorizados, y dejaron hace tiempo de confiar en su propia eficacia. Dicen que no hay peor mezcla que el miedo y las armas.

Guerra preventiva, guerra contra el terror, guerra santa… Podría decirse que las guerras de hoy en día no son como las de antes. ¿Se están rompiendo las reglas, si es que eso puede existir en una guerra?

No soy un experto en este tipo de conceptos, pero sí creo que los periodistas estamos mezclados en todas ellas y que cada vez es más difícil cubrir todas estas guerras que enumeras, en el caso de que no fueran una sola con diferentes nombres.

¿Se aplica en ocasiones una política activa de “matar al mensajero”?

Sí, he comprobado que en algunos de los países donde he vivido los periodistas son un claro objetivo para diversos grupos armados, y el simple hecho de ser periodista implica ser ejecutado inmediatamente. Esto viene sucediendo actualmente en lugares como las áreas tribales de Pakistán, controladas por las milicias talibanes.

¿Crees que la crudeza con la que a veces se tratan los temas de actualidad en zonas en conflicto nos anestesia, o por el contrario nos confronta con una crueldad que a veces preferimos ignorar?

Si contando lo que sucede en el mundo, ya sea desde el frente o a mil kilómetros de distancia, estamos aburriendo o anestesiando a nuestros lectores, entonces es que hay algo que los periodistas estamos haciendo mal. Creo que hay muchas maneras de contar el conflicto, lo importante es saber cómo llegar y cómo contar aquello que estamos viendo. Éste es reto: contar historias sin caer en la crueldad innecesaria, en los tópicos o en el tedio absoluto.

¿Cómo has conseguido compaginar tu vida de pareja con tu profesión?

Teniendo la suerte de haberme casado con una mujer que también es fotoperiodista y que ama la profesión.

Recuerdo que cuando visité tu exposición “Violencia de género en Afganistán”, en el CAF de Almería, antes de entrar me advirtieron amablemente de la crudeza de las fotos que se mostraban. Es un trabajo muy distinto al resto de tus fotografías; son imágenes pactadas previamente, retratos de una gran crudeza, ciertamente, pero de los que emana una fuerza de convicción y una dignidad inmensas. ¿Cómo lo sacaste adelante?

Soy súper malo haciendo retratos. No sé usar iluminación artificial ni trabajar en un estudio. Jamás llevo el flash en la bolsa y nunca en mi vida usé un trípode. Lo último que imaginé es que un día alguien premiaría un retrato hecho por mí. El mérito de un retrato es de la persona que posa. El mérito del fotógrafo es acceder a esa persona y hacer que ésta pose.

Las mujeres que habían sufrido estas agresiones tan brutales eran prácticamente inaccesibles y fue un gran reto llegar a ellas y poder contar sus historias. La mayoría de los retratos fueron improvisados, esperando el momento justo para levantar la cámara y realizar un par de secuencias, retratos horizontales para un rápido y fácil encuadre centrado, buscando ese momento paradójicamente inexpresivo.

Hablando precisamente de este trabajo, ¿qué relevancia crees que pueden tener los formatos expositivos como plataforma para la difusión de reportajes fotoperiodísticos de denuncia?

Mi objetivo es ver la foto en los periódicos, pero reconozco que la difusión de “Violencia de género en Pakistán” ha sido extraordinaria. Creo que jamás se me pasó por la cabeza que una de mis historias conseguiría un efecto mediático tan relevante.

A pesar de ser un fotógrafo muy respetado y querido, parece que no te preocupas demasiado por tu imagen pública. En tu página web, sin ir más lejos, cuelga un perenne “Página temporalmente fuera de servicio”.

Me conformo con “sites” como Yahoo!, que muestran cada día las fotos que envío al cable [la galería de fotos que la agencia ofrece a sus clientes]. ¿Qué mejor web que aquélla donde se puedan ver las últimas fotos que uno hace? Se dice que a un fotógrafo se le valora por lo último que ha hecho.

Fuiste víctima de un atentado el pasado mes de agosto en Afganistán. ¿Ha cambiado esto tu forma de entender el trabajo y el papel que ejercéis los fotoperiodistas en zonas en conflicto?

No, para nada. Sigo con las miras puestas en hacer lo que hacía antes del accidente.

¿Cuál es tu objetivo más inmediato?

Sentirme físicamente a tono para poder responder en cualquier situación que requiera mi trabajo.

Quesabesde

About these ads
    • paquita
    • 8/08/10

    Impresionantes fotografías!. Almas captadas en el instante exacto que expresan todo el mensaje…tristeza, miedo, desesperanza, tantos sentimientos casi incapaces de ser transformados en palabras y sin embargo reflejados con una fuerza inmensa, arroladora y aturdidora. Bellesa dura y altamente sensible. Magia hecha imagen.Instantes recogidos en el aire. Felicidades Emilio Morenatti. Toda mi admiración.

  1. Grande Emilio Morenatti. Toda una inspiración para los que estamos en la cantera del fotoperiodismo.

    Muy buen blog.

    Cristina Hidalquez, desde Frecuencia Modulada.
    http://retransmitiendoenfm.blogspot.com

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