Country Fictions. Juan Aballe

Juan Aballe. Country Fictions

Restaurante ‘La Tía Pura’, La Mancha, 2011.

La ilusión de escapar de la sociedad contemporánea, los mitos y esperanzas construidos alrededor de la naturaleza se unen a la extrañeza y la nostalgia de mirar a una vida que quizás nunca llegue a vivir.

Country Fictions. Juan Aballe

Eva, 2011.

Es prácticamente seguro que las buenas fotografías surgen de las palabras, de las palabras bien dichas. Lo que ocurre, lo que acontece, genera palabras, a continuación llegan las fotografías. Es necesario hablarlo antes, es muy difícil hacer fotografías sin haberlo dicho antes, es complicado ver sin decir. Ver es hablar con una cámara, es necesario el universo de las palabras y también el de la visión, tan diferentes, son profesiones diferentes. Para ver es necesario ser fotógrafo, ello implica un decir visual, un expresar sin palabras, un idioma que muestra pero no explica, tan sólo el poder de lo visual, es necesario un pensamiento visual, lo visto sin ser descifrado, no se habla como lo hacen los escritores de palabras, no es traducible. Es necesario ser fotógrafo. Una vez conseguido ello, comienza nuestra narración.

Eduardo Momeñe, ensayo sobre Country Fictions.

Country Fictions. Juan Aballe

Dani y Marisol, 2012.

¿Qué te impulsó a comenzar Country Fictions?

El proyecto surgió en un momento de mi vida en que varios amigos se planteaban ir a vivir al campo y esa idea se convirtió en una opción real. Era un pensamiento que en parte me ilusionaba, pero también sentía que mi relación con la naturaleza tenía una fuerte carga de idealización. Country Fictions se fue convirtiendo en una manera de explorar mi relación con el medio rural y de lidiar con esos sentimientos contradictorios desde lo visual.

La fotografía me permitía también lanzar al aire muchas preguntas que yo mismo me hacía al respecto y reflexionar sobre varios temas que me interesaban. Desde el concepto de paisaje o el abandono del campo hasta la necesidad humana de creer en algo mejor, todos ellos son hilos conductores del proyecto.

Country fictions. Juan Aballe

La cama de Urs, Pirineos, Navarra, 2012.

¿Ha cambiado la relación que tenías con la naturaleza después de hacer este trabajo?

Más que cambiar mi relación con la naturaleza creo que a través del proyecto he logrado comprender mejor esa relación. La realización y la edición de las imágenes durante varios años implica ir tomando muchas decisiones, de manera que el trabajo fotográfico al final define mucho más a quien toma esas decisiones que al mundo que fotografía. En ese sentido Country Fictions ha sido un proceso de aprendizaje.

Además de las imágenes, la vivencia personal, los lugares y las personas que he conocido también me han enseñado mucho. Indagar en la relación con la naturaleza lleva a preguntarse sobre las necesidades sociales y personales, la gestión del tiempo, el trabajo o la capacidad de renunciar a ciertas cosas.

Country Fictions. Juan Aballe

Eva, 2012.

¿Cómo te diste cuenta de que el trabajo ya estaba terminado? 

Llegó un momento en el que sentí que todo lo que quería decir estaba dicho, estaba en los negativos. A partir de entonces se trataba de empezar a descartar elementos e ir a lo esencial. Mi objetivo era hablar desde la sencillez para lograr transmitir emociones a veces complejas.

El proceso de edición fue bastante largo ya que decidí dejar reposar las imágenes y enfrentarme a ellas semana tras semana durante meses para saber de cuáles podía prescindir y cuáles aguantaban el paso del tiempo. Por otro lado el reto era encontrar un equilibrio en la selección y secuenciación de las imágenes que comunicara lo que yo quería pero dejara suficiente espacio de interpretación al espectador. Podría haber seguido editando indefinidamente pero después de un año decidí que tenía que sacar el proyecto a la luz. Hablando de su proceso creativo en el cine, Jim Jarmusch recordaba una cita de Paul Valéry que decía: “Un poema nunca se termina, sólo se abandona”. Creo que esa idea define bastante bien mi experiencia con la edición de Country Fictions.

Country Fictions. Juan Aballe

Valle en Asturias, 2011.

¿Qué influencias has tenido a lo largo de este proyecto? 

Cuando comencé con Country Fictions estaba muy interesado en el paisaje como construcción cultural. La primera fotografía que realicé del proyecto es el paisaje que aparece en primer lugar y fue la que me animó a seguir adelante durante los primeros meses. Me interesó mucho el libro Breve tratado del paisaje de Alain Roger, que habla del paisaje como “artealización” ajena a la naturaleza. Gracias a un taller con Simon Norfolk empecé también a interesarme por la simbología de los paisajes de Claude Lorrain y su influencia en los románticos o los pintores de la Escuela del Río Hudson.

En cuanto a los retratos, las influencias creo que son más fotográficas, con numerosas referencias a la tradición documentalista que traslado al contexto del proyecto.

Es difícil hablar de autores en concreto porque las influencias visuales y literarias son muy diversas y evolucionan a lo largo del tiempo. Pero si tuviera que elegir una novela probablemente sería La carretera, de Cormac McCarthy.

Country Fictions. Juan Aballe

Depósito y olivos, La Mancha 2011.

Recomiéndanos un libro.

El antropólogo inocente de Nigel Barley. Es la crónica de un etnógrafo británico que se traslada a África para convivir con una tribu poco conocida. Aunque aparentemente no tenga nada que ver, creo que es un libro muy recomendable para fotógrafos.

Country Fictions. Juan Aballe

El valle, Pirineos. Navarra, 2012.

Country Fictions acaba de ser publicado por Fuego Books, una editorial de fotolibros lanzada por Ángela y Gustavo Alemán cuya intención es hacer “libros hermosos, libros peligrosos, libros que queman.” Con Country Fictions, su primera publicación, lo han conseguido y ya ha entrado en la lista de los 35 mejores fotolibros del año de Andy Adams y está entre los 10 favoritos de C.A.P.E

Country Fictions de Juan Aballe

Web de Juan Aballe

‘Los viejos estudios fotográficos’ Azorín

La sala Alcalá 31 expone hasta el 11 de enero El rostro de las letras. En ellas se puede ver la evolución del retrato fotográfico en la literatura a través de más de 200 fotografías y libros.

Los viejos estudios fotográficos

Estudio de Pau Audouard en la Casa Lleó i Morera, Barcelona, 1905.

Id a buscar en las apartadas callejuelas, en los sotabancos humildes, los viejos fotógrafos. Ellos son unos hombres sencillos y llenos de bondad. Viven retraídos y silenciosos; tal vez usan un bonete redondo; es posible que lleven unos bigotitos y unas gafas de oro. Esos fotógrafos se acuerdan con tristeza del tiempo viejo. El recuerdo de los insignes personajes del pasado flota todavía en sus estudios. Hay en ellos un telón con jardín y unas nubes con muebles; el reclinatorio en que apoyaban la cabeza está en primer término; luego observáis el sillón vetusto, venerable, en que se sentaron, hace muchos años, personajes ilustres. Una sensación de paz, de bienestar, os sobrecoge al entrar en estos estudios de fotógrafo.

'Los viejos estudios fotográficos'. Azorín

Estudio de Benjamin Johnston

Además se proyecta el audiovisual ‘Cementerio de almas’ donde la literatura y la fotografía se vuelven a dar la mano.

Cinco principios básicos que guían a Moisés Saman como fotógrafo

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Un niño se cubre los ojos en una tormenta de arena al sur de la ciudad Kandahar, Afganistán, 2005.

Como fotoperiodista, me interesa buscar las cosas positivas que tiene en común el espíritu humano, sacar a la luz esos momentos íntimos que nos recuerden la dignidad y la esperanza encarando el conflicto.

Cinco principios de Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Una pareja anda de la mano por una zona de Puerto Príncipe devastada por un terremoto. Haiti, 2010.

1.- Nunca estés demasiado cómodo con el trabajo que haces. No me refiero a ser negativo o inseguro pero siempre deberías esforzarte por ser mejor.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Afganos intentan ver al vicepresidente de Afganistán. Marja, Afganisthan, 2010.

2.- Sé humilde.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Soldados estadounidenses arrodillados delante de una cortina de humo de un helicóptero aterrizando. Marja, Afganistán, 2010.

3.- Aprende a cocinar, a montar a caballo, a hacer surf… Básicamente ten una vida fuera de tu trabajo que no tenga absolutamente nada que ver con la fotografía.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Niño con un rifle corre por el cementerio británico durante una tormenta de arena. Bagdad, Irak, 2003.

4.- Lee novelas, ve muchas películas, encuentra inspiración en la música, la literatura, la escultura y luego aplícalo a tu fotografía.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Columna de humo se levanta en Gaza durante un bombardeo israelí. Franja de Gaza, Palestina. 2009.

5.- Sé honesto.

Cinco principios básicos que guían a Moises Saman como fotoperiodista

Moisés Saman. Soldado estadounidense visto con unas gafas de visión nocturna. Khost, Afganistán, 2005.

Trabajo de Moisés Saman en Magnum Photos.

Fuente: IdeasTap

Harold Feinstein. Cuando algo te deje con la boca abierta

Harold Feinstein. Cuando algo te deje con la boca abierta

Harold Feinstein, Coney Island, 1949.

Nací en Coney Island. Me gusta pensar que caí desde el útero de mi madre al divertido parque gigante Parachute Jump mientras comía un perrito caliente del Nathan. Hice esta foto en la playa, allá por 1949, cuando tenía 18 años. Por aquel entonces, no se veía a mucha gente haciendo fotos. Recuerdo a estos chicos retándome: ‘Ey, señor, haznos una foto’. Nunca he sido de los que se niegan. Cuando la gente grita algo así, ellos mismos hacen la foto simplemente por quererla. No era una escena atípica en Coney Island. Era un buen lugar para dar una vuelta, perder tus inhibiciones y hacer lo que te saliera naturalmente. Hacía sol, el suficiente calor para bañarte en el océano y un montón de gritos y ruido. Se podía escuchar a la gente gritar en la primera bajada de montaña rusa – pero también había quietud en todo esto, porque era un ruido muy continuo.

Estos chicos probablemente iban al instituto y en su tiempo libre pasaban el rato en las esquinas de Brooklyn cuando no estaban aquí. Era justo después de la Segunda Guerra Mundial, así que aún había racionamiento y vales de comida, pero su objetivo era pasarlo bien de una forma u otra. La gente así hace fotos porque sienten un ansia de reconocimiento: las relacionan con ser jóvenes, con estar enamorados y con salir con un montón de amigos. Nunca volví a encontrarme con ellos, pero en los años 80 recibí una llamada del sobrino de la chica. ‘Es incluso más guapa ahora’ me dijo.

Coney Island era mi isla del tesoro. Casi siempre trabajaba tan rápido que no veía detalles de las fotografías hasta que las revelaba. Es ésta, no me había dado cuenta de que la chica tenía el brazo alrededor del chico, ni de las pecas en la espalda del de atrás. Había tantas cosas por fotografiar que la cuestión no era cómo hacer una buena foto, sino cómo no perderla. Tenías italianos, portorriqueños, gente de todas partes del mundo y no tenías que pagar para entrar. Realmente era el sitio de la gente. Me encantaba montarme en la montaña rusa Cyclone. Me ponía justo en las primeras filas. Luego, en la mayor caída, me ponía de pie, me giraba y hacía fotos a quien tuviese detrás mía gritando.

Empecé a hacer fotos en 1946. Antes de eso, era pintor y dibujante con el apoyo de mis padres. Se disgustaron un poco cuando empecé con la fotografía. Pensaban que los fotógrafos eran tipos que hacían fotos en las bodas. Me atrajo la fotografía callejera porque allí hay fotos en todos lados: una mujer sujetando un perro, un bebé gritando para que lo pongan en el carrito, niños jugando al beisbol, tiendas con barriles gigantes de pepinillos en la puerta. Quería fotografiar la vida y allí estaba.

Cuando fui reclutado para la guerra de Corea, pedí ser fotógrafo pero me metieron en infantería. Tuve suerte de escaparme porque si hubiese sido un fotógrafo oficial, tendría que haber fotografiado eventos oficiales. Ser de infantería significaba que podría fotografiar la vida en el Gls y en Corea tal y como yo la veía.

Ahora soy profesor y el consejo que le doy a mis estudiantes es: cuando algo te deje con la boca abierta, pulsa el disparador. Y donde yo me quedo constantemente con la boca abierta es en Coney Island.

 

Traducción de un artículo original de The Guardian.

Olmo González Moriana. La imagen inmaterial

Olmo González

De vez en cuando me encuentro con una imagen que persiste en mi cabeza de algún modo. En algunos casos han sido el comienzo de todo un proyecto más o menos completo. En este caso, una pantalla de un escaparate por el que paso muy a menudo se está convirtiendo en una especie de check-point en el que tengo que mirar y, muchas veces, tomar una foto de nuevo. Es una tontería, pero me pone contento ver esos colores cambiar a mi paso, una descomposición del reflejo de la luz, un efecto simple pero que me atrae de alguna manera.

He probado de varias maneras, a plena luz del día, de noche, sin flash, con él. Y me sigue enganchando. La pantalla, además, está detrás de un cristal, no puedo tocarla ni controlarla, es una suerte de espejo que descompone mi reflejo, pero que, al hacerlo, devuelve una imagen inmaterial, una experiencia mística a través de un recurso técnico aplicado sobre la luz.

El caso es que creo que ahí hay otra puerta a algo más complejo que ya espera en mi inconsciente a que le dedique un poco de tiempo, aunque reconozco que aún no sé nada más. Pondría ejemplos de trabajos que me producen el mismo efecto, como la obra de Jessica Eaton, Stephen Gill o Miguel Ángel Tornero, pero lo cierto es que aún no me he planteado investigar en profundidad a dónde me puede dirigir esta imagen, más por falta de tiempo que por ganas.

Web de Olmo González Moriana.

Olmo González. La imagen inmaterial

Jessica Eaton, Cfaal 241, 2012.

Nadav Kander. Yangtsé, The Long River

Nadav Kander, Yangtsé, El río largo

Chongqing IV. Picnic de domingo

Vive más gente a lo largo del río Yangtsé que en todo Estados Unidos. Así que en mi primer viaje a China, quise experimentar esto visitando Shangai y Chongqing, una ciudad gigantesca de 27 millones de personas, donde hice esta foto.

Fue en una parte sucia de la ciudad. Había un pequeño vertido tóxico que salía de una planta de acero hasta el Yangtsé. Estaba literalmente chisporroteando de químicos – en realidad, parecía que estaba lloviendo. Y justo al lado había una zona de picnic. Para la mayoría de la gente de Chongqing, es un lugar pintoresco para visitar; algunos incluso nadaban o pescaban. Esto me incomodaba, pero luego me di cuenta de que todos estaban disfrutando de un rato maravilloso – demostrando que las relaciones y la familia es lo que realmente importa.

Así que me acerqué a este grupo e instalé la cámara. Hice que pareciera que estaba fotografiando la escena de la izquierda, luego la giré hacia la derecha, esperé, e hice esta foto. Si hubiese pedido permiso, se habrían puesto de espaldas y todo habría sido diferente. Después les pregunté para estar seguro que de no les importaba. Ya estaba emocionado, sabía que la imagen funcionaría.

Empecé a interesarme por la migración en China, donde alrededor de 150 millones de personas se desplazan, trabajando constantemente, viendo muy poco a sus familias, a veces una vez al año. Así que empecé a fotografiar a individuos en un lugar y luego los transfería a otras fotografía, en una especie de ‘migración fotográfica’.

A la persona desenfocada del extremo de la mesa realmente le hice la foto en una zona de obras de Shangai. Lo puse encima del hombre que estaba sentado allí originalmente. El hecho de que el tipo a la derecha estuviera sentado en una silla muy parecida es sólo casualidad. Es una de las fotos más felices y placenteras que he hecho nunca.

Traducción de un artículo original de The Guardian.

Web de Nadav Kander.

 

René Burri. Matar al maestro

El fotógrafo suizo René Burri falleció este lunes a causa del cáncer. En una entrevista que le hizo Phaidon en 2012, habla de su relación con su maestro, Henri Cartier-Bresson.

René Burri. Matar al maestro

René Burri, Iglesia Kaiser Wilhem, bombardeada durante la guerra y nunca restaurada. Berlin Oeste, 1959.

Bresson fue mi gran maestro. Teníamos una magnífica relación a pesar de que los elementos en ella fuesen antagónicos. Pero nos inspirábamos el uno al otro.

René Burri. Matar al maestro

René Burri. María Callas en la ópera de Philadelphia, EEUU, 1951.

Henri me irritaba muy a menudo. ¿Por qué? ¡Miraba mis hojas de contacto al revés! Lo hacía porque quería ver la composición. Yo le decía ‘¡Te voy a estrangular un día! ¿No te interesan mis fotos?’ Pero aprendí mucho de eso y llegó el día en el que saqué una fotografía de la funda de contactos e intenté mirarla del mismo modo.

En ese momento comprendí que tienes que ir más allá de la imagen. Y Cartier-Bresson era el mejor en 35 mm de todos los tiempos – en el sentido de la composición y de llevarla al ‘orgasmo’, o lo que él llamaba ‘momento decisivo’.

René Burri. Matar al maestro

René Burri, Tae Song Dong, Corea del Sur, 1961.

La foto de los hombres en el tejado salió de un trabajo que estaba haciendo sobre la ciudad, la gente y las contradicciones en la ciudad. Estaba viajando, era un encargo. Pero mientras más desarrollaba mi propia visión del tela (…) descubría cosas para mí mismo.

René Burri. Matar al maestro

René Burri, Sao Paulo., Brasil, 1960.

¿Conocía a estos hombres de la azotea? No. Subí allí arriba por curiosidad. En aquellos tiempos, los edificios no tenían vigilancia, no había guardas como ahora. Era cuestión de subir, llamar a la puerta y decir ‘Disculpe, ¿puedo hacer una foto?’ ‘Claro, pase’ Así que salí a la terraza y en aquel momento aparecieron esos tíos de la nada e hice 5 fotografías.

Por aquel entonces, Cartier-Bresson nos limitaba a usar objetivos de entre 35 y 90 mm. Cuando le enseñé las fotos, me dijo ‘Brillante, René’. Salí y grité ‘¡Ah!’ Me escuchó y me preguntó qué pasaba. ‘Nada, no importa’, le dije. El objetivo que usé era de 180 mm ¡Nunca se lo dije! En ese momento, me liberé de mi mentor. ¡Maté a mi maestro!

René Burri. Matar al maestro

René Burri. Ernesto Guevara (Che) Habana, Cuba, 1963.

Fuente: Phaidon 1 y 2

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